domingo, 25 de septiembre de 2011

Olor a antaño

Y uno comienza a creer que sí, que no, que puede ser, y me meto por esos 
callejones que tienen olor a la promiscuidad de anoche, pero no me importa 
porque con un cigarro en la mano me siento invencible.
Departamentos a mi alrededor esconden un olor a antaño, esa mezcla entre 
humo impregnado,ancianos desvalidos y enfermos desahuciados. 
Siento como la juventud me corre por las venas, hasta los perros son viejos,
una abuela camina con la bolsa del pan que parece añejo. La vereda se 
estrecha y sigo pensando que si, que no, que puede ser, y cuando en la noche 
me duerma volverán a mi esas cosas que  revolotean, y volveré a ver las estrellas
en el techo de mi pieza. Y la vereda se estrecha, y una ventana me queda a la 
altura de mi cabeza, miro al interior de esas casas que me intrigan, polvo en 
el aire, pisos encerados, adornos desgastados y un silencio eterno que no logro
descifrar. El aire de primavera sopla más cálido, descubre que el tiempo pasa
y que  dentro de mi mente debe haber olor a antaño, y  polvo, silencio eterno
adornos desgastados. 
El cigarro se comienza a extinguir y la corta calle de agota. 
Y termino por creer que sí, que definitivamente sí y que realmente puede ser,
que en algún callejón van a parar los recuerdos que uno nunca rescata.

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