Dicen que escondía un secreto bajo ese casco de lana que nunca se quitaba.
El último tormentoso amor le dejo pensamientos y preguntas que no quería
excarcelar al viento, por más que lo intentaran nadie se lo podría arrebatar.
Debajo del gorro habían infinidad de tesoros que lo enajenaban, lo movían
al ritmo del viento a tiempos pasados de felicidad.
Él creía que viviría así para siempre, recordando a una ingrata que lo olvidó
dejandole nada más que un gorro. Con el tiempo nos fuimos conociendo mejor,
y dejó de hablar de ella, de su pasado y del gorro, tal vez las tardes en el pasto,
las mañana conversando, los cigarros, los silencios, hicieron que el escudo que
cubría no solo su cabeza, si no que sobre todo su alma se fuera desprendiendo.
No se si fui yo en parte la que ayudo pero una tarde mientras mirábamos como
en el cielo se reflejaba la primavera me miró, se quitó el gorro y me besó.
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