martes, 21 de mayo de 2013

Su ausencia por las noches.



Se entraba ya de mañana, cuando todos se estaban levantando. Noche tras noche lo esperaba en la cama para que me hiciera compañía, pero el ambiente nocturno le parecía más interesante, pasear tranquilo, pasar el rato con alguien, y aunque a veces no le iba muy bien y terminaba en alguna pelea, nunca dejaba de disfrutar de la oscuridad de la calle. Llegaba cansado a casa, tomaba un poco de agua y se acostaba en el espacio caliente que le dejaba en la cama. Se enroscaba un poco y suspiraba feliz porque ya podía descansar. Yo le daba un beso de despedida, le hacía un poco de cariño y me iba contenta porque había regresado, y se quedaría al menos un día más. 


Él, despreocupado, se pasaba el resto de la mañana ronroneando.

sábado, 2 de febrero de 2013

Aveces se olvida como hablar, las palabras quedan presas en el pensamiento y salen malas, o simplemente no salen. ¿Cuántos discursos sobreelavorados han quedado en el cuartucho oscuro de una mente acorraladora?. Aveces se olvida como escuchar, las palabras chocan contra el muro, rebotan. ¿Cuántas frases habran quedado flotando, deseando ser atrapadas?.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Con el tiempo...







Con el tiempo se acaban las horas, disminuyen los gritos de los descontentos, las  masas se aminoran, sólo queda uno que otro que se lamenta y uno que otro que  lucha tras la capucha.
Con el tiempo queda solo el silencio, tétrico, imposible de consumir, ausente de la  bulla extraviada entre las calles de santiago. Mi depa en plena alameda con el balcón perfecto fue mi mayor orgullo, arcaico de tiempos remotos, con ese olor a mueble inutilizado que siempre quedó y que siempre mantuve por todas las habitaciones, excepto en esta, nuestra pieza donde los contemporáneo nos iba inundando. Nuestro depa…
por afuera pasaban multitudes rebozando optimismo, cultura y ganas de luchar, a veces éramos parte de ellos y otras, muchas veces, supimos amarnos en la oscuridad del dormitorio  al son de los pasos utópicos que arremetían contra la fuerza a punta de violencia, violencia ceñida al alma de corazones resentidos, despiadados y corrompidos por lo que ellos mismo odiaban, me siento como una vieja por despreciarlos
y no comprender, por condenarlos, pero solo se que algunos de ellos eran losúnicos con la realidad impregnada, sólo algunos.


Con el tiempo queda solo el cuerpo, como el tuyo en mi cama ahora, deseando el mío que  te he negado no porque no te ame, si no porque te amo demasiado, y cuando perseguimos algo se termina desvaneciendo. Y mi cuerpo… está aquí mirando por la ventana o quizás  esté en el pasado, o quizás este ahí al lado tuyo o pegado a ti.
Te miro, con tu torso desnudo, un rayo de luz lo roza y toda tu piel blanca y perfectamente hermosa me sonríe. Definitivamente mi cuerpo está ahí, tal vez amarte es más simple, aunque te extingas. Camino y te susurro al oído “perdón”. Te volteas y te sientas, me observas, y como incitándonos a algo el tirante de mi polera resbala por mi hombro, todo es aún más calidos cuando los tomas con tus dedos y la bajas aún más, y tus manos cuando tocas mi piel  me dan ese golpe de electricidad como la primera vez. Me besas, me
acaricias y me consumes en tus brazos, mientras me aprietas, me resfriego a ti con ternura o con violencia. Escuchamos como las calles se comienzan a llenar, pero es demasiado el placer para dejar de amarnos.
Cuando el último rastro de vitalidad máxima se consume sentimos el grito esperanzador de los más jóvenes, un poco más que nosotros, porque ya tuvimos lo que ellos quieren. Nos vestimos a la mala, y nos asomamos al balcón, miles de hormigas caminan despreciando al roedor, ellas son las fuertes.
Con el tiempo no se extingue el deseo de una satisfacción.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Olor a antaño

Y uno comienza a creer que sí, que no, que puede ser, y me meto por esos 
callejones que tienen olor a la promiscuidad de anoche, pero no me importa 
porque con un cigarro en la mano me siento invencible.
Departamentos a mi alrededor esconden un olor a antaño, esa mezcla entre 
humo impregnado,ancianos desvalidos y enfermos desahuciados. 
Siento como la juventud me corre por las venas, hasta los perros son viejos,
una abuela camina con la bolsa del pan que parece añejo. La vereda se 
estrecha y sigo pensando que si, que no, que puede ser, y cuando en la noche 
me duerma volverán a mi esas cosas que  revolotean, y volveré a ver las estrellas
en el techo de mi pieza. Y la vereda se estrecha, y una ventana me queda a la 
altura de mi cabeza, miro al interior de esas casas que me intrigan, polvo en 
el aire, pisos encerados, adornos desgastados y un silencio eterno que no logro
descifrar. El aire de primavera sopla más cálido, descubre que el tiempo pasa
y que  dentro de mi mente debe haber olor a antaño, y  polvo, silencio eterno
adornos desgastados. 
El cigarro se comienza a extinguir y la corta calle de agota. 
Y termino por creer que sí, que definitivamente sí y que realmente puede ser,
que en algún callejón van a parar los recuerdos que uno nunca rescata.

Casco de lana.

Dicen que escondía un secreto bajo ese casco de lana que nunca se quitaba.
El último tormentoso amor le dejo pensamientos y preguntas que no quería
excarcelar al viento, por más que lo intentaran nadie se lo podría arrebatar.
Debajo del gorro habían infinidad de tesoros que lo enajenaban, lo movían
al ritmo del viento a tiempos pasados de felicidad. 
Él creía que viviría así para siempre, recordando a una ingrata que lo olvidó
dejandole nada más que un gorro. Con el tiempo nos fuimos conociendo mejor,
y dejó de hablar de ella, de su pasado y del gorro, tal vez las tardes en el pasto, 
las mañana conversando, los cigarros, los silencios, hicieron que el escudo que 
cubría no solo su cabeza, si no que sobre todo su alma se fuera desprendiendo.
No se si fui yo en parte la que ayudo pero una tarde mientras mirábamos como 
en el cielo se reflejaba la primavera me miró, se quitó el gorro y me besó.


miércoles, 17 de agosto de 2011

Tóxico Gusto



-Tú me dices adicta, de la forma en que nadie más lo hace.
¡Tú, si tú maldito, me llamaste adicta más de una vez! ¿Por qué?
por sentirme mejor cuando no estoy en mi misma. 
Eres el culpable, me fomentas, me torturas. Me conquistaste por medio de mi 
adicción, sin embargo no te sientas orgulloso, ya me entregaba a los encantos
de la desinhibición aún antes de ser parte de ti. Sin embargo no terminamos por 
culpa de "mi situación" a ti te gustaba verme entregada a mi tóxico gusto, no
creías que fuera malo. Decías que me veía tierna, sensual, serena. 
No terminamos por eso,  yo te grite imbécil en la cara por llamarme adicta un 
día en la noche cuando te hice “el encargo” y no me lo trajiste.  Te aburrí, por
eso terminamos.  Ha pasado una semana, 3 días y 12 horas, estoy en el sillón
de donde te paraste enojado para salir y cerrar la puerta de un golpe sordo,
pero no me importa.
Mis ojos llenos de lágrimas ensucian los brillantes papeles que envolvían mi
candente droga, apagan el fuego,  pero al saborearlo lo vuelvo a prender
Las últimas veces  sólo por ti me sometía a semejante tortura, 
¡Sí! ya no es placentero como las primeras  veces, me trae consecuencias, y 
el resentimiento me daña, aún más cuando observo las sobras de lo consumado.
Sonó el timbre del departamento, sé que eres tú. Escondo la evidencia, mientras
me deleitaba había tomado una decisión, te diré que no, no volveremos, 
estoy bien así,  estoy segura.

Abrí la puerta y vi tu cara llena de gloria, siempre supiste que habías ganado.
Yo no lo había descubierto, hasta  que mi mirada se topó con tus manos.
"Son para ti" dijiste y tus ojos centellaron. ¡Desgraciado! tomé la caja entre mis 
manos, la abrí y el olor del cacao invadió la habitación. Me tiré a tus brazos y
 tuvimos la mejor reconciliación.
Ahora comparto mi adicción contigo, aunque ya te dije que será la última vez.
Desde hoy dejo el chocolate.