Con el tiempo se acaban las horas, disminuyen
los gritos de los descontentos, las masas se aminoran, sólo queda uno que otro
que se lamenta y uno que otro que lucha tras la capucha.
Con el tiempo queda solo el silencio, tétrico, imposible de consumir, ausente de la bulla extraviada entre las calles de santiago. Mi depa en plena alameda con el balcón perfecto fue mi mayor orgullo, arcaico de tiempos remotos, con ese olor a mueble inutilizado que siempre quedó y que siempre mantuve por todas las habitaciones, excepto en esta,
nuestra pieza donde los contemporáneo nos iba inundando. Nuestro depa…
por
afuera pasaban multitudes rebozando optimismo, cultura y ganas de luchar, a
veces éramos parte de ellos y otras, muchas veces, supimos amarnos en la
oscuridad del dormitorio al son de los pasos utópicos que arremetían contra la
fuerza a punta de violencia, violencia ceñida al alma de corazones resentidos,
despiadados y corrompidos por lo que ellos mismo odiaban, me siento como una
vieja por despreciarlos
y no comprender, por condenarlos, pero solo se que algunos de ellos eran losúnicos con la realidad impregnada, sólo algunos.
Con el tiempo queda solo el cuerpo, como el tuyo en mi cama ahora, deseando el mío
que te he negado no porque no te ame, si no porque te amo demasiado, y cuando
perseguimos algo se termina desvaneciendo. Y mi cuerpo… está aquí mirando por la ventana o quizás esté en el pasado, o quizás
este ahí al lado tuyo o pegado a ti.
Te miro, con tu torso desnudo, un rayo de luz lo roza y toda tu piel blanca y
perfectamente hermosa me sonríe. Definitivamente mi cuerpo está ahí, tal vez amarte es más simple, aunque te extingas. Camino y te susurro al oído “perdón”. Te volteas
y te sientas, me observas, y como incitándonos a algo el tirante de mi polera resbala por mi hombro, todo es
aún más calidos cuando los tomas con tus dedos y la bajas aún más, y tus manos cuando tocas mi piel me dan ese golpe de electricidad como la primera vez. Me
besas, me
acaricias y me consumes en tus brazos, mientras me aprietas, me
resfriego a ti con ternura o con violencia. Escuchamos como las calles se
comienzan a llenar, pero es demasiado el placer para dejar de amarnos.
Cuando el último rastro de vitalidad máxima se consume sentimos el grito esperanzador de los más jóvenes, un poco más que nosotros, porque ya tuvimos lo
que ellos quieren. Nos vestimos a la mala, y nos asomamos al balcón, miles de hormigas caminan despreciando al roedor, ellas son las fuertes.
Con el tiempo no se extingue el deseo de una
satisfacción.
